Caída de Imperio romano y castrismo

Museo de la revolución, Habana Vieja, Cuba.

Cuba vive, desde hace siglos, ensimismada en la maldita circunstancia del agua por todas partes y un contraproducente obliguismo, que dibuja una nación única, singular, llamada a desempeñar roles trascendentales casi siempre para salvar a otros; males que han sido extremados por el castrismo en su afán exterminador.

Visitantes extranjeros, especialmente los educados en lógica cartesiana, incluidos invitados oficiales del gobierno, se sienten abrumados por el peso de la cualidad heroica y diferencial que la propaganda gubernamental atribuye a Cuba y, especialmente, a la revolución de Fidel Castro.

«Los cubanos somos lo máximo», «Arriba de la bola» o «Tu no me calculas» son expresiones coloquiales que reflejan parte de la idiosincracia cubana, exacerbada por la creencia generalizada y errónea de que la isla no se parece a ningún otro país, que solo allí la medicina y salud pública son supuestamente gratis y que el humor es único.

La Cuba real tiene virtudes y defectos, como todos los países del mundo, y su hecho diferencial más persistente y dañino es la dictadura más antigua de Occidente, que ha provocado empobrecimiento y desigualdad, desestructuración familiar e incultura generalizada.

La decadencia y caída de Roma, hace 1.545 años, se produjo por circunstancias parecidas a las que afectan a castrismo en 2021, aunque parezcan circunstancias distantes y diferentes.

El derrumbe del Imperio romano provocó dos tendencias predominantes sobre su tragedia; la minimalista, que reduce la cuestión a la interrupción de la serie de emperadores en la parte occidental del vasto dominio; y la maximalista, que sostiene el hundimiento de una civilización y la división del mundo en dos etapas: Antigua-pagana y Moderna-cristiana.

La revolución y su conversión en dictadura representaron un tajo en la nación cubana, ya dañada previamente por el golpe de estado de Fulgencio Batista (1952), que abrió la vía de la suplantación de la democracia republicana por la violencia y, fue precisamente Fidel Castro quien, desde los primeros años, estableció una clara línea divisoria y maniquea entre antes y después de 1959.

Foto: Keystone/Getty Images

El influyente autor británico Edward Gibbon, considerado el primer historiador moderno y que escribió The History of the Decline and Fall of the Roman Empire (1776-1789), el libro más reeditado sobre el Imperio romano, sostiene que la división entre Oriente y Occidente romanos tuvo su origen en causas internas, como la corrupción y desmesura de Césares, Augustos y generales, que establecieron una amplia red de sobornos para comprar la lealtad de los militares.

Aquella Roma padecía de amenazas externas, simbolizada en las frecuentes incursiones de los Bárbaros, portadores de las ideas del cristianismo; La Habana ha explotado brillantemente su condición de plaza sitiada por el «imperialismo yanqui» para justificar su dictadura totalitaria y el desastre económico que impide a los isleños comer pescado fresco.

Estudios más recientes sobre la caída del Imperio Romano coinciden en señalar que las principales causas de su desmoronamiento fueron la crisis política que llevó a la división del imperio en dos territorios, Roma y Bizancio, depresión económica prolongada con burocracia y ejércitos desmesurados, desastres ambientales y epidemias.

Cuba no ha ejecutado una división entre Oriente y Occidente, pero el alma cubana está partida en revolución y contrarrevolución; especialmente en las actuales circunstancias, cuando el estado totalitario emplea recursos públicos para enfrentar y desprestigiar a adversarios.

Otra herida cubana es la de nación y emigración, pese al doloroso reencuentro familiar y la despenalización migratoria selectiva promovida por Raúl Castro, que pusieron fin a absurdos injustificables ética y humanamente, cuando el poder asumió que la ex gusanera podría ser fuente de enriquecimiento parasitario para Césares y Augustos y válvula de alivio de tensiones internas.

El Imperio Bizantino, parte oriental del dominio orginal, sobrevivió a la caída de Roma y perduró hasta el inicio del Renacimiento, siendo una importante potencia militar y económica en Europa, Medio Oriente y el Mediterráneo oriental durante la mayor parte de la Edad Media, pero comenzó una prolongada decadencia en el siglo XII, que culminó con la caída de Constantinopla y la conquista del resto de territorios bizantinos por turcos y otomanos, en el siglo XV.

Cuba sobrevivió a los derrumbes de la Unión Soviética y el Muro de Berlín, conservando su influencia en Asia, África, América Latina y el Caribe, a través de su eficiente sistema multilateral y cambiando la promoción de la subversión armada por la llegada al poder de aliados, a través de las urnas, y asi consiguió colonizar a Venezuela, dependencia que perdura hasta hoy, cuando el éxodo venezolano alcanza los cinco millones de desplazados.

La vastedad del Imperio romano fue clave en el surgimiento de contradicciones políticas porque legiones y provincias competían entre si para aupar a sus generales al Olimpo de Roma, en medio de un clima de corrupción generalizado que implicaba el sorborno cuantioso y permanente de militares para comprar su fidelidad el emperador.

El castrismo no ha conseguido siquiera separar totalmente a militares y oficiales de rango medio de la desgracia colectiva, pero la nueva casta militar está saturada de adoradores de Raúl Castro, que los compró con residencias, carros y otras ventajas materiales, que son insultos al resto de los cubanos, pero que garantizan la obediencia debida.

Mano de obra esclava, burocracia y ejército

A partir del siglo III, se produjo un estancamiento de la economía romana, a causa de la excesiva dependencia de la mano de obra esclava, y el aumento de la burocracia y del ejército, cuyo coste ahogaba las finanzas imperiales, obligada a incrementar los impuestos, soportando una notable corrupción, como ocurre ahora en GAESA y sus filiales.

Los contratos que el gobierno cubano impone a médicos y personal sanitario que alquila a países extranjeros han sido calificados por relatores de ONU, como «trabajo forzoso» y el economista Jorge Sanguinetty fue más lejos, definiéndolos como «explotación del hombre por el hombre»; pero Cuba consiguió volver a sentarse en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Entre la medidas regulatorias que impusieron los emperadores romanos estuvieron la nacionalización del comercio, el aumento y la creación de nuevos impuestos sobre herencias y bienes, para sufragar los gastos militares, la creación de espectáculos y obras públicas y para pagar las pensiones de veteranos.

Obviamente, en un imperio tan vasto y sin las herramientas informáticas contemporáneas, cobrar impuestos era tarea complicada, asi que los emperadores optaron por devaluar la moneda, reduciendo la cantidad de oro y plata que contenían, es decir, acuñaban más dinero, pero cada vez con menos valor porque, entonces, una moneda valía su contenido en metales preciosos y no lo que dijera un estado, como ocurre actualmente.

El propio pueblo romano perdió la confianza en su moneda y se generalizó el trueque o el pago en especies; mientras que el comercio también sufrió una gran depresión, que repercutió directamente en la economía romana, muy dependiente del comercio interior, por vías marítimas y por rutas terrestres.

La moneda era un factor determinante en todos estos movimientos, puesto que permitía transacciones más claras, sencillas y rápidas. Con las sucesivas devaluaciones, el comercio comenzó a resentirse y se redujo enormemente. Esto afectó también a las fábricas y la producción. La industria no podía colocar sus productos en el mercado.

A partir de esa crisis, el Imperio romano se ruralizó con la aparición de formas prefeudales, que provocaron un despoblamiento en las ciudades y, como los grandes terratenientes rurales no confiaban ya en el comercio, empezaron a producir todo lo que necesitaban y a crear economías locales autárquicas.

El economista austriaco Ludwig von Mises sostiene que la caída del Imperio romano fue causada por la manipulación de la moneda, realizada con objeto de enriquecer al Estado y una legislación creciente que regulaba el mercado.

“Ningún romano fue capaz de comprender que la decadencia de su imperio era consecuencia de la injerencia estatal en los precios y del envilecimiento de la moneda”, concluye von Mises, en su tratado La acción humana (1949); cualquier parecido con el intervencionismo estatal en la economía cubana y la asfixia administrativa y contable de los pequeños y medianos empresarios privados, es más que coincidencia.

Cuba tiene ahora mismo un gobierno con 26 ministerios y sendas estructuras con ramificaciones provinciales de partido comunista, estado, 168 ejecutivos municipales, 15 provinciales y 7 organizaciones de masas, subordinadas al PCC.

El ejército cubano cuenta con más de 220 mil efectivos, incluidos Marina, Aviación y Defensa Aérea, que implican un gasto anual de 2.840 millones de dólares norteamericanos, según datos de hace tres años, que equivalen a un desembolso anual de 260 dólares a cada cubano residente en la isla.

Datos sobre efectivos, presupuesto y gastos del Ministerio del Interior son opacos y una búsqueda en la web de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) no arroja resultado alguno sobre los cuerpos de defensa y represivos en Cuba.

Muchos cubanos, especialmente después del recrudecimiento de la crisis en verano de 2019, perdieron la poca confianza en el gobierno, en el CUC, empezaron a refugiarse en el dólar norteamericano y el Euro y acudieron a la economía de trueque, incluido los medicamentos.

Para Emilio Morales, presidente de Havana Consulting Group, el hundimiento del turismo y del envío de remesas a Cuba por el COVID-19, así como la escasez de medicamentos, alimentos y productos de primera necesidad, agudizó la crisis política, económica, abocada a un nuevo «Período Especial».

«La aspiración de los cubanos es progresar en un ambiente de leyes, que brinde oportunidades para todos, sin mafias militares que controlen las riquezas del país», subrayó.

Decadencia y clima

En 2017, el historiador norteamericano Kyle Harper, profesor de la Universidad de Oklahoma, defensor de la tesis de que el fin del imperio romano es una historia indisociable entre la humanidad y el medio ambiente, ofreció un enfoque climático a las causas del naufragio que -sin dejar de reconocer el negativo papel de emperadores, militares a su servicio, senadores y bárbaros– cita volcanes y ciclos solares, bacterias y virus, como causantes del fin de Roma.

Si el apogeo imperial transcurrió en el llamado “Óptimo Climático Romano”, con un clima templado, húmedo y estable en gran parte del Mediterráneo, condiciones que propiciaron el progreso agrícola, económico y demográfico, según recientes estudios climatológicos.

El buen tiempo finalizó en la segunda mitad del siglo II, cuando ligeras variaciones en la órbita terrestre, alteraron la cantidad y la distribución de energía solar que penetraba en la atmósfera y el clima empezó a sufrir mayor variabilidad, con una tendencia al enfriamiento y por el aumento de la aridez en el Mediterráneo.

Las consecuencias para la productividad agrícola fueron notables y contribuyeron a la crisis que del fatídico siglo III romano, cuya decadencia extrema de 50 años superó, pero sin llegar a alcanzar jamás el esplendor precedente.

El mundo ha envejecido y no posee el vigor de antaño, ni tampoco la fortaleza y la vivacidad que rezumaba en su día (…) En invierno no hay tanta abundancia de lluvia para nutrir las semillas. El sol estival brilla con menos fuerza sobre los campos de cereales. La templanza de la primavera ya no es para regocijarse y la fruta madura no cuelga de los árboles otoñales”, escribió Cipriano, entonces Obispo de Cartago, y también santificado.

El gobierno cubano reconoce que los problemas medioambientales que más golpean a la isla son la contaminación, la carencia de agua, disminución de la masa forestal, degradación de los suelos y pérdida de la diversidad biológica; pero intenta culpar a la mala explotación de los recursos naturales antes de 1959 y al embargo norteamericano de la degradación del entorno natural.

Excusas que caen por su propio peso por evidentes problemas con la recogida de basuras y gestión de residuos, la voluntad hidráulica, las brigadas desbrozadoras que arrasaron bosques y fauna autóctonos, la salinización de los suelos de Guantánamo y el antiguo feraz Valle de Caujerí, la introducción de tilapias, clarias y otras especies invasoras como nuevas fuentes de proteína, la abundancia de marabuzales en los campos de Cuba y la altísima contaminación de bahías como las de La Habana y Nuevitas.

A casi 63 años del triunfo de la revolución cubana, más de medio millón de cubanos no tienen acceso de manera regular al agua potable, a pesar de la situación sanitaria generada por el coronavirus, reconoció el Presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), Antonio Rodríguez Rodríguez, en la televisión oficial.

Pero el titular del INRH debió tener mal los datos porque una encuesta del Observatorio de Derechos Sociales en Cuba (ODSC) constató que el 68,1% de los cubanos vive sin suministro estable de agua potable y el 80% sufre de cortes de electricidad en sus hogares.

La muestra fue realizada con mil entrevistas realizadas a pie de calle, en octubre de 2019, en diferentes localidades cubanas, trabajo que es torpedeado por la Seguridad del Estado y sus informantes, cuando detectan que realizan una encuesta no oficial.

Pandemias

Para hablar de epidemias en la antigua Roma, volvemos a acudir el investigador norteamericano, Kyle Harper que describió un estado sanitario con «densos hábitats urbanos, la transformación de los paisajes y las tupidas redes de conectividad, dentro y fuera del Imperio, contribuyeron a crear una ecología microbiana única”.

La tuberculosis, lepra o malaria, se extendieron en una escala limitada, pero otras enfermedades se convirtieron en grandes epidemias, como la de viruela que abatió Imperio romano, con el nombre de peste Antonina, importada por los legionarios que combatían en territorio persa, junto al emperador Lucio Vero.

Hasta el emperador Marco Aurelio y su familia fueron atacados por la viruela, descrita magistralmente, incluidos sus síntomas, por el gran médico Claudio Galeno, que se vio obligado a acudir a Roma desde su residencia en la costa egea para atender a la máxima figura imperial y sus parientes.

La viruela mató a más de siete millones de habitantes del Imperio romano, es decir, a un diez por ciento de su población, que volvió a ser atacada a mediados del siglo III, con la irrupción de la peste de Cipriano, llamada así por el obispo cartaginés, que dejó testimonio de una pestilencia generalizada que afectó a Egipto, el Levante mediterráneo, Asia Menor, Grecia e Italia.

Pese a la carencia de fuentes y el escaso desarrollo de la microbiología, los estudios más profundos no consiguen identificar el germen de aquella peste y hablan de tres posibles focos: Gripe, viruela y fiebre hemorrágica, con un comportamiento similir al Ébola contemporáneo.

En Cuba, el coronavirus ha causado la muerte de 713 personas y 113.876 contagiados, según datos oficiales, al cierre de este jueves, tras un inicio de año virulento con cepas nuevas que generan cuadros clínicos complicados y con especial incidencia en pacientes pedriáticos, incluidos bebés.

Las consecuencias políticas de la epidemia de COVID-19 son un notable incremento del descontento de muchos cubanos, que se sienten injustamente tratados por las autoridades y medios de comunicación oficiales que reiteran regaños y advertencias sobre la baja percepción de riesgo, sin mencionar que la escasez aguda provoca grandes aglomeraciones a las puertas de tiendas dolarizadas y farmacias, con varias horas de duración.

En los últimos 9 años, Cuba ha sufrido epidemias de Cólera (2012 y 2019), Chikungunya (2014), Dengue y Zika (2016), y Sarna y coronavirus, en 2019 y hasta el presente.

Pese a tantas penurias y flagelos, el castrismo continúa reprimiendo a opositores, activistas y periodistas independientes, a los que intenta desacreditar con grabaciones ilegales de conversaciones telefónicas, publicaciones sesgadas y la habitual retórica totalitaria, como ocurre en el caso de Luis Manuel Otero Alcántara, Tania Bruguera y demás miembros del Movimiento San Isidro.

En paralelo, la ruptura social sigue aumentando en Cuba, donde han muerto 18 mujeres a manos de parejas y/o ex parejas, en los casos más dramático delante de sus hijos; sin que el gobierno reaccione con una legislación específica sobre violencia de género; mientras un programa gubernamental para estimular la natalidad acumula dos años de retraso y no cubre a todas las familias con tres o más hijos menores de 17 años.

La humanidad ha avanzado notablemente desde la caída de Roma hasta nuestros días, pero -lamentablemente- hay excepciones como Cuba, con simulitud de síntomas de decadencia con el Imperio romano, aunque la propaganda oficial insista en que la invencibilidad está asegurada, que el siguiente triunfo está a la vuelta de la esquina y que únicamente se trata de «resistir».Más de 42 mil familias numerosas cubanas habitan viviendas deterioradas.

El gobierno cubano, su casta militar-empresarial y los afanosos burócratas empeñados en la invencibilidad eterna debían leer a Jerónimo de Estridón, luego santificado por la Iglesia Católica, certero cronista que escribió en sus Cartas de Jerusalén:

Llegó hasta nosotros un terrible rumor sobre ciertos acontecimientos en Occidente. Nos decían que Roma estaba sitiada, y que la única salvación para sus ciudadanos era que la pudiesen comprar con oro, y que después de ser despojados de éste fueron sitiados de nuevo, de manera que no solo perdieron sus posesiones, sino también sus vidas. Nuestro mensajero transmitió las noticias con voz entrecortada y apenas podía hablar debido a sus sollozos.

De Estridón concluye con una sentencia definitiva: “La ciudad que había conquistado el mundo entero, ha sido conquistada”.

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