La mentira corre más que la verdad entre cubanos

Cubanos conectados

La pérdida de la narrativa por deslegitimación gubernamental y el acceso de más cubanos, ávidos de información, a las redes sociales genera el caldo de cultivo ideal para que palucheros inunden la blogosfera con mentiras que semejan verdades, debido a la lógica desesperación ciudadana porque pase algo que borre, de pronto y para siempre, al comunismo verde olivo.

Cuba no es una excepción, solo sigue un patrón universal, donde medios de comunicación solventes llegan hasta ser cuestionados por corresponsales espontáneos, poseedores de verdades absolutas que -en el caso cubano- consiste en un corretaje digital -entre algunos pontificadores de la posverdad- a ver quien consigue la mejor guayaba como primicia.

Habitualmente, ese tipo de espacios suelen ser reactivos, es decir, intentan responder a las mentiras del gobierno y el partido comunista, con mentiras construidas con un poquito de Facebook, una pizca del comején de la Mesa Redonda y el testimonio irrefutable de supuestos ex segurosos, ex funcionarios y ex jefes del carné de identidad, que encontraron pequeñas botellas en televisiones y webs.

Los apóstoles de la posverdad suelen ser opinionados dispuestos a reproducir el viejo adagio comunicacional de evitar que la verdad estropee un buen titular, de ahí que amontonen datos erróneos para construir estados de opinión de la mentirita, sabiendo que cuentan con la ventaja de que sus audiencias tragarán sin rechistar todo lo que publiquen y esparzan a los cuatro vientos digitales, por una mezcla de desconocimiento y deseo irrefrenable de que acabe la noche cubana.

Las viejas Bola y Radio Bemba fueron sustituidos por doctores Liendres; de nada saben, de todo entienden, para solaz esparcimiento de los aguerridos revolucionarios con vocación mártir, dispuestos a morir por la verdad revolucionaria, aunque sea tremendo paquete, y sus contrarios, capaces de posponer el fin de la dictadura comunista, una semana después de que haya vencido el plazo fijado por ellos mismos, a causa de una pequeña inclinación en el eje del trapiche del central Soledad, que desvió la incidencia de los rayos solares sobre la chimenea del ingenio, un minuto antes de la implosión.

Muchos cubanos de la isla están a merced de esos componedores de batea digital, pero lo dramático es que la pasión de sustituir realidad por deseos también afecta a emigrados con multitud de fuentes de información y conocimiento al alcance del mouse y a velocidad supersónica; a diferencia de sus hermanos en Cuba con una Internet a pedales.

«España otorgará visados a todos los cubanos que quieran»; «Estados Unidos admitirá que balseros aleguen miedo creíble para poder quedarse»; «El día Cero caerá el castrismo». En los dos primeros casos, ocurrió una mala interpretación, manipulación de la verdad, el tercero fue el viejo adagio de vivir de ilusiones para morir de desengaño.

Un problema común a pistoleros de la emocional blogosfera cubana es su falta de conocimientos para abordar los hechos con técnica periodística, manejar con solvencia diferentes fuentes y saber combinar la agilidad con el rigor informativo.

Fulana tiene un blog revolucionario y cómico, Mengano va a hacer una directa con mambochambo para la dictadura, Sutaneja está escapá y Esperancejo metió pa quinicientos, suelen decir los fieles de Aedas de ambas orillas que sigue sin entender algo tan sencillo como que noticia es todo lo que no se sabe, pero siempre a partir de la verdad menos imperfecta.

La pulsión cubana de prevalecer en el vacío encontró en la democracia de Internet su hábitat natural para comerse el azúcar crudo y el agua sin mascar, acompañados siempre por extranjeros, que aún educados en lógica cartesiana y sociedades plurales, abrazan el totalitarismo verde olivo con tanta fruición que acaban como el gallo de Morón.

Con lo fácil que resulta -antes y después del coronavirus- coger un avión, asomarse a La Habana y comprender, de una ojeada, que cualquier tiempo pasado fue mejor y que los promotores de esas avenidas con césped y framboyanes, mansiones florentinas, bodegas de esquina y televisión en colores fueron expulsados -hace seis décadas- por quienes venían a salvar a Cuba y acabaron hundiéndola.

La perversión alcanza tales cotas de delirio que los atisbos de sensatez y objetividad suelen ser tachados de maniobras del enemigo, y quienes intentan informar corren el riesgo de ser descalificados por los empeñados en mostrar su incapacidad a toda costa, aunque en su práctica mentirosa jaleen la represión castrista o la emigración irregular, que cuestan vidas cubanas.

El periodismo de la etapa republicana estuvo entre los mejores del mundo por su pluralidad, rigor informativo y mínimas erratas, excepto los costosísimos veinte mil muertos inventados por Bohemia, en fatídico arranque de pasión antiperiodística; como ocurre ahora, diariamente, en espacios digitales, donde la pulsión y el deseo prevalecen sobre la verdad, la mesura y la dolorosa constatación de que seguimos siendo un pueblo chiquito con infierno grande.

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