Cuba evitó acoger a dirigente polisario hospitalizado en España

Cuba evitó acoger al máximo jefe del Frente Polisario, Brahim Gali, para no dañar sus relaciones con Marruecos y parte de África y evitar deteriorar aún más los vínculos con Estados Unidos, aseguró este jueves a Opinión Cubana, un saharaui radicado en París, que rehusó ser identificado.

Gali permanece ingresado, en la unidad de Cuidados Intensivos de un hospital del norte de España, por coronavirus y ha desatado una tormenta euromediterránea con alcances en Tel Aviv y Washington.

«El gobierno cubano no quiso dañar sus relaciones diplomáticas con Marruecos ni deteriorar aún más los vínculos con Estados Unidos, aunque adujo razones de logística y distancia geográfica», precisó la fuente.

Las relaciones entre Rabat y La Habana, restablecidas en 2017, han sido calificadas de buenas por ambas partes, que exploran actualmente la firma de un posible convenio de explotación de puertos, afirmó recientemente el embajador de Marruecos en Cuba, Boughaleb El Attar, militante socialista vinculado al nacionalista Mehdi Ben Barka.

Marruecos mantiene una activa presencia en África, como parte de su acuerdo estratégico con Estados Unidos e Israel para contener el avance del terrorismo islamista radical y Cuba debió tener en cuenta esos factores, dijo la fuente, que pasó varios años estudiando en la isla y reside en Francia, desde los años 90, aunque sigue militando en la causa saharaui.

La Habana mantiene silencio sobre las supuestas gestiones del Frente Polisario, a través de diplomáticos y médicos cubanos en Argelia, para haber llevado a Gali a Cuba, tras negativas de Alemania, Suiza y Francia; aunque finalmente el gobierno español decidió ofrecerle asistencia médica por «razones humanitarias», sin comunicarlo previamente a Rabat y pactando secretamente con el gobierno argelino y los saharuies.

Cuba y Marruecos restablecieron relaciones diplomáticas en 2017 y, previamente, el Rey Mohamed VI viajó con su familia de vacaciones a Cayo Santa María, aunque Rabat y La Habana tendieron un manto de silencio, aduciendo que eran vacaciones privadas del monarca alauita, que enfadó al Frente Polisario; aunque Cuba no ocultó su satisfacción.

El Rey Mohamed VI durante su visita privada a Cuba, en 2007.

Cuba y el Frente Polisario han mantenido una relación intermitente, incluida la acogida de estudiantes saharuies en Isla de la Juventud, y presta servicios educativos y sanitarios a refugiados saharauis en la localidad argelina de Tinduf, pero La Habana sacrificó sus relaciones con Marruecos e Israel, a cambio de convertirse en presidente del Movimiento de Países No Alineados, en 1979.

En cambio, a fines de los años 80, La Habana negó al Frente Polisario la venta de sistemas antiaéreos soviéticos ZCU-23-4, conocidos como Shilka, nombre de un río ruso, provocando el enfado de sus dirigentes, que no entendieron la negativa cubana.

Cuba tampoco apoyó la reciente «vuelta a las armas», proclamada por el Polisario, rompiendo los acuerdos de paz de 1991; en respuesta al envío de tropas marroquíes para restablecer el tráfico en El Guerguerat, en la frontera con Mauritania, donde milicias saharauies obstaculizaban el paso de camiones.

Shilkas, sistema antiaéreo de la antigua Unión Soviética.

El presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Esteban Lazo, envió una carta a su homólogo del Polisario, apoyando las gestiones de Naciones Unidas para «normalizar la situación, que seguirá prestando asistencia a los refugiados en Tinduf, pero evitó apoyar la guerra declarada contra Marruecos.

Igual postura expresaron Venezuela, Sudáfrica y la propia Argelia que -hasta fechas recientes- fue la principal valedora de la denominada República Árabe Saharaui Democrática; pero que ahora comparte con Rabat papel de contención del integrismo islámico en África y Meditarráneo.

Llegada a España, ingreso con nombre falso y tormenta geopolítica

El comportamiento del Gobierno español enfadó a Marruecos, que ordenó una avalancha migratoria de ocho mil súbditos alahuitas, incluidos más de 200 niños, sobre las ciudades de Ceuta y Melilla; a Argelia porque erosiona sus complicadas relaciones con el país vecino y el escándalo ha provocado la reapertura de una causa -entre otras- contra Gali por genocidio, en la Audiencia Nacional de Madrid, en la que están implicados generales argelinos, según fuentes judiciales.

Aparte, Gali deberá responder por sendas acusaciones de violación y falsificación de identidades, procesos que -de progresar- abrirían un frente diplomático indeseable para España con Argelia, uno de sus principales suministradores energéticos.

Argel está «muy enfadada» con Madrid por su ocultación a Marruecos de la llegada de Gali a España, aunque fuentes próximas al gobierno de Sánchez insisten en que el traslado e ingreso del dirigente polisario se pactó con el gobierno argelino.

Ceuta y Melilla son dos ciudades españoles en el norte de África, reclamadas por Marruecos, que -regularmente- usa la presión migratoria sobre ambas urbes y Canarias en sus forcejeos diplomáticos con España.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, autorizó la llegada del líder polisario Brahim Gali, que llegó a Zaragoza (noreste) a bordo de un avión ambulancia y fue trasladado al hospital San Pedro, de Logroño, capital de la vecina Comunidad Autónoma de La Rioja, famosa por sus vinos.

El huésped gubernamental fue hospitalizado con la identidad falsa de Mohammed Benbatouche, argelino y nacido en 1950; era la segunda falsificación identitaria, pues en Argel fue atendido como Mohamed Abdellah, según la historia clínica remitida a España, cuyo gobierno se esforzó en camuflar su llegada y estancia eligiendo aeropuerto y ciudad periféricos, alejados de los focos, pero con hospital solvente para paciente de 72 años grave por coronavirus,

La Inteligencia marroquí detectó la presencia de Gali en España y la filtró a la revista Jeune Afrique, publicada en París y con excelentes contactos en los servicios secretos de Rabat, desvelando que el misterioso paciente ingresado en Logroño era en realidad Brahim Gali, jefe del Frente Polisario y presidente de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

Madrid buscó un sitio aparentemente discreto para hospitalizar a Gali, que aterrizó en un aeropuerto de poco tráfico, más ahora en tiempos de coronavirus, y recorrió en una ambulancia estatal los 180 kilómetros que separan a Zaragoza de Logroño, donde el revuelo de maletas, conversaciones sigilosas y órdenes superiores, indicaron a los trabajadores del centro sanitario que el tal Benbatouche era un paciente VIP.

Hospital San Pedro, en La Rioja, donde está hospitalizado el dirigente polisario.

La filtración interesada de la Inteligencia marroquí descolocó al Gobierno español y una balbuceante ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, no tuvo más remedio que reconocer que habían acogido a Gali por «razones humanitarias».

La indignación marroquí subió de tono y amenaza con enturbiar por completo las relaciones con Rabat, cuya colaboración es esencial en el control de la emigración y en la lucha contra el terrorismo yihadista, recordaron diplomáticos europeos y norteamericanos, acreditados en Madrid, que apenas pueden reprimir su asombro ante la pifia del goberno español.

El ministro alauita de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, acusó al Gobierno español de «maniobrar por la espalda», mientras los nueve partidos políticos, con representación en el Parlamento marroquí, emitieron un comunicado conjunto para censurar la actuación «inaceptable y provocadora» de España.

Alemania y Francia apenas disimularon su enfado con Madrid, pese a que la Unión Europea (UE) respaldó a España, pero Ángela Merkel y Emmanuel Macron criticaron en privado a Sánchez, que viajó a Ceuta y Melilla, donde fue abucheado públicamente por sus vecinos, que lanzaron patadas contra el automóvil presidencial.

El enfado de Alemania y Francia está motivado porque las avalanchas migratorias hacen crecer en votos a partidos de «extrema derecha», capitalizando el miedo al emigrante y -en el caso de París- el malestar es mayor porque, en once meses, Macron debe medirse en las urnas con una crecida Marina Le Pen.

En medio de la confusión, Estados Unidos dejó claro su respaldo a Marruecos en el viejo litigio sobre el Sáhara Occidental, en una rápida reacción del presidente Joe Biden, que no ha telefoneado al Palacio de La Moncloa, desde que asumió la presidencia y que aprovechó el error de Sánchez para dejar claro que Mohamed VI es un socio prioritario para la Casa Blanca, especialmente ahora, cuando hay un acercamiento claro de árabes e israelíes con Rabat.

En el frente interno, Unidas Podemos (UP), principal socio de gobierno en el partido socialista, se desmarcó políticamente del presidente, atacando a Marruecos, llamándolo «chantajista» y criticando el envío de 30 millones de euros (36 millones 593 mil 369 dólares norteamericanos), como parte de la colaboración bilateral en materia migratoria, en un intento por apaciguar la ira de Mohamed VI.

Pero la avalancha marroquí también ha abierto un frente interno en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) porque los barones territoriales socialdemócratas y contrarios al pacto de gobierno con Unidas Podemos y nacionalistas catalanes y vascos levantaron la voz internamente y exigieron un cambio de rumbo al presidente de gobierno y secretario general del PSOE, agitado desde la holgada victoria de Isabel Díaz Ayuso y el PP en las elecciones a la Comunidad de Madrid, el 4 de mayo.

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