Agitación y zumbidos post revolucionarios

Cuba sufre de escasa memoria y -salvo escasas excepciones- reproduce en sus debates un afán aniquilador del adversario, la creencia de que todo tiempo pasado fue peor y la crítica despiadada contra quienes no asaltan el Palacio de la Revolución por hambre y hastío o defienden una negociación mesurada y plural que deje en evidencia a la dictadura.

El rechazo mayoritario de los cubanos a la dolarización por decreto de la economía y sus efectos en la pobreza y desigualdad, provocó la primera gran derrota del presidente Díaz-Canel, teniendo que retirar casi por completo la llamada «Tarea ordenamiento», reduciéndose a la unificación monetaria, que ya roza los 60 pesos cubanos por un dólar norteamericano.

Curiosamente, el gesto de valor cívico de muchos cubanos quedó solapado por el noble grito de ¡Patria y Vida!, impulsado por valores de preeminencia de sus protagonistas y la agitación post revolucionaria que -imitando a los represores- apuesta por el estruendo frente a la mesura inconmovible que mostraron millones de cubanos frente a la injusticia.

Pero la paradoja cubana no acaba en la jerarquización de ¡Patria y Vida! sobre la respuesta ciudadana masiva a la «Tarea ordenamiento» (léase empobrecimiento); sino que muchos de los jaleadores de la patria y la vida, apoyan las iniciativas de parones de envíos de remesas, alimentos y artículos de primera necesidad que solo consiguen hacer saltar por hambre a los cubanos.

¿Patria es hambre? ¿Vida es coronavirus, sarna, suicidios, depresiones y ausencia de medicamentos? Pobre Cuba si la patria que aguarda está acechada por males parecidos a los de la vieja nación.

Los medios de comunicación pueden desempeñar un papel moderador en la contienda, evitando reproducir esquemas totalitarios de los contendientes, describiendo con la mayor objetividad posible la actualidad cubana, contrastando adecuadamente las noticias de todas las fuentes, incluidas las redes sociales, que han devenido en el Espíritu Santo de la posverdad.

El gobierno cubano asume el papel de víctima de la manipulación atribuida a Estados Unidos y sus opositores, al margen de los elementos reales que contengan las informaciones y -al mismo tiempo manipula diariamente la crujiente vida cubana con exceso de eufemismos como llamar «complejidad» a la crisis económica, «respuesta del pueblo» a la represión y «medidas en favor del clima» a apagones en el sector empresarial.

Sus detractores no andan a la zaga y su epitetología comparte el desprecio y la deconfianza gubernamental hacia la mayoría de los cubanos empobrecidos, llamándolos «carneros», acusando de «agentes» a quienes discrepan del discurso totalitario, como hace la dictadura; y apostando por salidas violentas, desde la comodidad de un ratón informático en sociedades democráticas.

Cuba parece un país obsesionado con expedir carnés de buena conducta a un lado y otro de su estrecho escenario político, donde la información también padece de manipulaciones históricas, según el relato acomodaticio del bando en cuestión, dispuesto siempre a obviar la verdad menos imperfecta; regla de oro del periodismo, con tal de meter el dedo en el ojo al adversario.

El gobierno cubano manipula el ideario martiano para intentar justificar la hegemonía legal de un partido único; presume de independencia y soberanía, mientras se desvive por un arreglo con Joe Biden y reza por la suerte de Nicolás Maduro; alardea de libertad como carcelero de una cárcel flotante de 110 mil 922 kilómetros cuadrados; aparenta ser «potencia médica», cuando están muriendo pacientes crónicos por falta de medicinas; y politiza ensayos vacunales en medio de un brote demoledor de coronavirus.

Sus adversarios y emigrados -salvo excepciones- prescinden de la objetividad a la hora de leer Cuba e -inconscientemente- ofrecen la imagen de cuanto peor, mejor para nada; y no dudan en involucrarse en procesos de revisionismo histórico coyunturales, dibujando a quienes han conservado el poder absoluto durante 60 años, fusilando, exiliando y anulando a millones de cubanos, como unos tontos, cobardes y con ciertas habilidades para la manipulación.

Lectura tan rasa de la nación, implica el desconocimiento de los esfuerzos de cubanos con convicciones democráticas que -aún aislados, presos y vejados por muchos de los neogusanos- mantuvieron una coherencia patriótica en favor de la nación; y los más grave, ¿cómo explicar que individuos tan torpes y cobardes consiguieron anular a Cuba tantos años?

Los males políticos vienen de antaño, el castrismo solo añadió la destrucción económica de Cuba, como método de control de masas, basado en dos categorías complementarias: Cultura de la pobreza e Indefensión aprendida, que garantizan el control social con empobrecimiento generalizado y pequeñas ventajas selectivas, como ocurre ahora con parte de la oficialidad de las fuerzas armadas e Interior y los periodistas más fulgurantes en la defensa del desastre.

Rara vez se obtienen resultados aplicando métodos erróneos, pero sectores predominantes del castrismo continuista y su oposición, suelen llevar ventaja en la impregnación y propaganda de un discurso que condena a Cuba a un destino trágico: Estallido social, que provoque intervención extranjera.

La Cuba que apenas habla, excepto cuando rechaza sin aspavientos, pero sin vacilación el paquete neoliberal del partido comunista, sabe -de sobra- lo malo que son sus gobernantes; pero necesita saber lo bueno que sería un reemplazo democrático y democratizador.

La Cuba emigrada que apenas habla rechaza las falacias vertidas por el gobierno contra opositores, activistas y periodistas independientes; pero le gustaría saber cómo gestionarían el poder, los ahora masacrados mediáticamente por la destrucción masiva comunista.

Un bache antiguo, un shock hipoglucémico, unas madres angustiadas porque no consiguen alimentos para sus hijos, la carencia persistente de agua potable y otros males suelen tener menos eco en agendas políticas y mediáticas de los padrastros de la patria, tan ensimismados en salvarnos -siempre según su creencia- que apenas disponen de tiempo para miradas transversales y han conseguido contaminar de su miopía política a la comunicación, repleta de urgencias e impulsos, que solo redundan en la vocación trágica de una nación creída de alcanzar el cielo, cuando solo estaba empedrando el camino al infierno.

Cuando un cubano llama traidor a Leoni Torres porque grabó una canción con Willy Chirino, ahonda la zanja totalitara que amarga a la mayoría; cuando un fan de los dos grandes músicos y personas, agrede a quien los llamó traidor; solo acelera la rueda envilecedora que colocó el castrismo a sus amados curieles para que pateen a gusto sin salirse de la jaula.

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