Letras que faltan

“Tenemos que vivir de otro modo si queremos vivir, y para ello necesitamos aprender de otro modo. La tarea de la educación consiste en formar hombres cada vez más aptos para realizar la plena vida humana, y más capaces para asegurar al país condiciones favorables de desarrollo”
-Enrique José Varona.

Recientemente, la actriz Mariela Brito, de la agrupación teatral “El Ciervo Encantado” compartió en las redes sociales su experiencia en la Biblioteca Nacional José Martí.

El 5 de enero, la actriz fue interceptada por un custodio uniformado y otras empleadas que le impidieron el paso y le informaron sobre los nuevos requisitos para la inscripción. Esta denuncia generó muchos comentarios que cuestionaron el carácter gratuito y público de los servicios de una de las más respetadas y queridas instituciones de la cultura cubana.

La Biblioteca, emitió entonces una Nota Aclaratoria que fue publicada en los periódicos Granma, Tribuna de La Habana y varios sitios digitales:

“El propio documento de los Requisitos necesarios para la inscripción informa que en la BNJM no se le niega el acceso a nadie, que si bien existe una categoría para inscribirse todo está pensado y organizado para atender al pueblo”.

“A las personas que no estén incluidas en estas categorías de inscripción se les orientará en el área de información otras opciones y variantes para satisfacer sus necesidades informativas”

En cuanto a las cuotas a pagar, -nótense las enmiendas en el referido documento- el comunicado considera que la entrada sigue siendo gratuita “dado el irrisorio monto de la inscripción anual”.

Se justifica la adopción de estas medidas con la necesidad de proteger las colecciones amenazadas por el robo o la mutilación de muchos ejemplares. Tristemente, este hecho se ha generalizado en todo el sistema que comprende las bibliotecas públicas, escolares, especializadas y académicas de la nación.

En el caso de las públicas, están a cargo de la propia Biblioteca Nacional y suscriptas al Ministerio de Cultura. Según el Decreto-Ley No. 271 y la Resolución 80-2013, La Biblioteca Nacional de Cuba tiene (entre otras) las funciones de “Desarrollar y mantener la red informática del Sistema (…) sobre la base de la automatización de los servicios bibliotecarios, de su modernización tecnológica. Y ocuparse además del “estado de las bibliotecas (…) con énfasis en las colecciones, que conforman el patrimonio bibliográfico, personal, edificios, equipos y administración”.

Creo entonces oportuno, revelar el estado de la Biblioteca “Enrique José Varona” fundada en Marianao el 28 de enero de 1941. La Constitución de 1940, había entrado en vigor sólo unos meses antes y consagrado importantes reformas políticas, económicas y sociales para la joven República de Cuba, estableciendo la creación de un Consejo de Educación y Cultura que propició, entre otras acciones, la fundación de Bibliotecas Públicas.

La Biblioteca Varona ocupó varios inmuebles de la municipalidad y fue la primera en Cuba en ofrecer el servicio de préstamo o circulante. Desde sus inicios desarrolló un amplio programa de extensión cultural: la promoción de la literatura cubana y universal, el teatro y las obras de los mejores exponentes de vanguardia de las Artes Plásticas.

Entre 1963 y 1964 se construyó un nuevo edificio orientado hacia la Avenida 41, en la intersección con 51 y Calle 100. El proyecto, de Arnaldo Sicilia y Reinaldo Tagores, sintetiza la idea del Arquitecto Ricardo Porro “crear un marco poético para la actividad del hombre”. La ejecución estuvo a cargo de Salvador Gomila, en ese momento los tres jóvenes no habían culminado sus carreras de Arquitectura.

Hoy, pocos trabajadores custodian la institución, desatendida y vacía. No existen computadoras, impresoras y ni otros medios digitales imprescindibles para revitalizar los servicios tradicionales. En Cuba se han realizado costosas inversiones para construir y equipar nuevas salas de navegación y se han creado los llamados parques Wi Fi, donde es posible acceder a internet sin seguridad ni confort. Espacios, cuidadosamente diseñados como las salas de lectura de esta biblioteca continúan subutilizados. El teatro, con mobiliario permanente, permanece oscuro y cerrado, en contraste, muchos grupos de la capital reclaman una sede para sus ensayos y representaciones.

La sala infantil tenía una serie de ventanas pequeñas, “a escala de los niños”. La atmósfera creada por los rayos de luz favorecía la narración oral de cuentos e historias. En determinado momento fueron sustituidas por celosías que no respetan ni se integran al concepto inicial.

La humedad hace estragos, la red hidrosanitaria está inutilizada, faltan luminarias y solo los ventanales altos de la fachada aportan luz natural.

A la entrada, se conserva el busto de Varona y una de sus memorables sentencias: “Si los grandes cubanos se hubieran conformado, Cuba seguiría siendo Colonia”. Falta la L de bronce en la palabra Colonia y otras de la señalética original. En los legajos de Decretos y Resoluciones inoperantes las letras están muertas, pues la restauración de una biblioteca no está entre las prioridades de los nuevos actores de la economía nacional.

Acerca de Engracia Carrodeguar 1 Article
Bibliotecaria jubilada. Mitad agonía y mitad esperanza. Reside en La Habana, Cuba

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